Esmeralda Banacloy
Fisioterapeuta.
Autora de los libros:
DEPORTE Y SUELO PÉLVICO: diatermia/tecarterapia,una mirada integral desde la fisioterapia.
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- Clasificación de las disciplinas deportivas y su impacto en el periné
- Disfunciones más prevalentes y mecanismos implicados en deportistas: una visión integral desde la fisioterapia pelviperineal
- Factores desencadenantes, predisponentes y perpetuantes
- La valoración del suelo pélvico en personas deportistas
- Abordaje terapéutico: tratamiento y prevención en población deportista
- Neuromodulación con diatermia: el enfoque de la Neurodiatermia
- Protocolo terapéuticosugerido
- Precauciones y contraindicaciones
- Trabajo disciplinar y estrategias preventivas en el deporte
Con el auge del deporte como hábito de vida saludable, se ha evidenciado un incremento en la prevalencia de disfunciones del suelo pélvico entre personas físicamente activas, en especial mujeres.
Esta realidad ha impulsado la necesidad urgente de comprender en profundidad cómo las distintas disciplinas deportivas inciden en la salud pelviperineal, tanto en su prevención como en su abordaje terapéutico.

Desde la fisioterapia especializada, es esencial contemplar al suelo pélvico no como una estructura aislada, sino como parte de un sistema funcional integrado en la dinámica abdominopélvica, respiratoria y postural.
Su papel en la continencia, el sostén visceral, la sexualidad y la estabilización del eje corporal lo convierte en una pieza clave del rendimiento deportivo saludable.
Clasificación de las disciplinas deportivas y su impacto sobre el periné
Las prácticas deportivas pueden clasificarse funcionalmente en:
Deportes de impacto (correr, gimnasia, baloncesto)
Deportes de fuerza (halterofilia, crossfit)
Deportes de resistencia (ciclismo, natación)
Deportes de flexibilidad o control motor (yoga, pilates, danza).
Cada uno genera adaptaciones biomecánicas distintas que inciden en el equilibrio tensional del sistema abdominopélvico:
- En los deportes de impacto, se producen aumentos repetitivos de la presión intraabdominal que, si no están bien gestionados, sobrecargan las estructuras perineales, pudiendo provocar hipotonía muscular y pérdida del soporte fascial, favoreciendo condiciones como la incontinencia urinaria o el prolapso.
- En los deportes de fuerza, una activación inadecuada del core y una técnica deficiente inducen presiones descendentes que desafían el sostén visceral y sobrecargan el plano perineal profundo.
- En disciplinas de resistencia, la fatiga neuromuscular prolongada puede afectar los mecanismos reflejos de contracción perineal, comprometiendo la respuesta protectora del suelo pélvico ante los impactos.
- En actividades que promueven la hipermovilidad (yoga avanzado, danza, gimnasia rítmica), la laxitud ligamentosa, sumada a una exigencia técnica elevada, puede predisponer al descenso de órganos pélvicos, especialmente si no se acompaña de un entrenamiento estabilizador funcional.
Disfunciones más prevalentes y mecanismos implicados en deportistas: una visión integral desde la fisioterapia pelviperineal
En el contexto deportivo, el suelo pélvico se ve expuesto a fuerzas repetitivas, presiones elevadas y demandas de control motor que pueden desbordar su capacidad funcional si no se encuentra bien entrenado, integrado en el sistema abdominopélvico o adecuadamente recuperado.
Uno de los desequilibrios más frecuentes es el que se da entre hipotonía (déficit de fuerza y resistencia) e hipertonía (exceso de tono basal o contracción mantenida), dos extremos que alteran el equilibrio tensional y biomecánico del complejo lumbopélvico.
La hipotonía del suelo pélvico suele tener un origen multifactorial, siendo frecuente en deportistas que practican disciplinas de alto impacto o de cargas repetitivas (como el running, el crossfit o la halterofilia).
La sobrecarga mecánica no compensada, la gestión inadecuada de las presiones intraabdominales y la ausencia de una estrategia de activación refleja provocan que el periné ceda, perdiendo su capacidad de sostén y continencia.
La falta de periodos de recuperación adecuados y el sobreentrenamiento favorecen la aparición de fatiga neuromuscular, impidiendo que esta musculatura recupere su tono óptimo entre sesiones.
En el extremo opuesto, la hipertonía del suelo pélvico aparece frecuentemente como estrategia compensatoria ante una disfunción del core o una inestabilidad lumbopélvica.
El cuerpo responde incrementando el tono basal de esta musculatura como mecanismo de defensa, buscando estabilizar el eje corporal ante una debilidad central.
También es habitual encontrar hipertonía en deportistas con patrones respiratorios disfuncionales, especialmente cuando realizan maniobras de apnea o bloqueo inspiratorio durante la carga.
Esta falta de sincronía entre diafragma, abdomen y periné conduce a una contracción mantenida, que puede generar rigidez, dolor, dificultades para relajar, e incluso disfunciones sexuales y ano-rectales por disinergia.
Las patologías y disfunciones más prevalentes asociadas a estas alteraciones son:
Incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE): se manifiesta como pérdidas involuntarias de orina durante acciones como correr, saltar, toser o levantar peso.
Afecta a un porcentaje significativo de mujeres deportistas jóvenes (hasta un 30 %), incluso en ausencia de partos previos. Es resultado de la combinación entre hipotonía del suelo pélvico, mala gestión de presiones y ausencia de control del cierre uretral durante la carga.
Prolapso de órganos pélvicos (POP): se trata del descenso de estructuras como la vejiga, el útero o el recto dentro del canal vaginal. Aunque suele asociarse al posparto, también se presenta en mujeres nulíparas que practican deportes de impacto o fuerza axial repetida.
La pérdida de soporte fascial, la hiperlaxitud ligamentosa y el aumento crónico de presión intraabdominal favorecen esta afección. El descenso vesical o uterino puede generar síntomas como pesadez pélvica, inestabilidad postural o alteraciones miccionales.
Dolor pélvico crónico: puede ser consecuencia de hipertonía miofascial, atrapamientos nerviosos o disfunción postural. Suele aparecer en deportes como ciclismo o triatlón, donde existe una compresión prolongada de estructuras sensibles.
La presión sobre los nervios pudendos o estructuras miofasciales puede generar neuralgias, parestesias o sensación de ardor perineal. Este dolor puede volverse persistente y discapacitante si no se identifica y se trata a tiempo.

La pubalgia es una entidad clínica compleja que afecta la región inguinal y púbica.
En muchos casos, la disfunción del suelo pélvico forma parte del cuadro, debido a la tracción excesiva sobre las inserciones musculares perineales y la alteración del equilibrio tónico entre abdomen, aductores y periné.
Disfunción sexual: en mujeres, puede manifestarse como dispareunia (dolor en las relaciones sexuales) o anorgasmia, mientras que en varones puede expresarse como disfunción eréctil o disminución de la sensibilidad.
La hipertonía del suelo pélvico, el atrapamiento nervioso y la falta de relajación muscular adecuada son factores implicados.
Disfunciones ano-rectales: incluyen estreñimiento funcional, urgencia defecatoria o incontinencia fecal leve. Suelen estar relacionadas con una disinergia abdominopélvica, donde el suelo pélvico no logra coordinarse adecuadamente con la musculatura abdominal y el esfínter anal en el momento de la evacuación.

Disfunciones del elevador del ano, como el puborrectal o el pubocoxígeo, pueden presentar microlesiones, espasmos o avulsiones parciales. Esto genera dolor profundo, dificultad para relajar durante la defecación o sensación de peso intrapélvico.
Factores desencadenantes, predisponentes y perpetuantes:
Los factores predisponentes o elementos que aumentan la probabilidad de desarrollar una disfunción, incluso antes de la aparición de síntomas son: estructurales (como hiperlaxitud ligamentosa), antecedentes familiares, debilidad de la musculatura profunda del core, un patrón postural ineficiente, la existencia de partos previos o cicatrices obstétricas, y determinadas características hormonales (menopausia, uso de anticonceptivos hormonales, etc.).
Entre los factores desencadenantes o que provocan directamente el inicio del problema encontramos: el aumento brusco de la carga de entrenamiento, el retorno precoz a la actividad física en el posparto, una técnica deportiva inadecuada o el uso de estrategias respiratorias como la apnea en esfuerzo, que generan aumentos abruptos de presión sobre estructuras vulnerables.
Una vez instaurada la disfunción, existen factores perpetuantes que impiden su resolución espontánea y la cronifican. Esto puede incluir una mala conciencia corporal, compensaciones musculares mantenidas (por ejemplo, activación glútea o aductora como sustituto del periné), miedo al movimiento (kinesiofobia), ignorancia del problema por parte del entorno deportivo o la propia deportista, y la ausencia de tratamiento específico o especializado.
Además, es importante considerar que, en el posparto inmediato, los tejidos pelviperineales están en un proceso activo de cicatrización, reestructuración y adaptación hormonal.
Si en esta etapa se produce una reactivación deportiva sin un acompañamiento profesional adecuado, pueden no solo agravarse las disfunciones preexistentes, como, por ejemplo, la diástasis abdominal, la incontinencia…etc. sino también instaurarse nuevas alteraciones por fallo en la integración funcional del complejo abdominolumbopélvico.
En deportistas varones, la compresión directa del nervio pudendo (especialmente en ciclismo o remo) es una causa frecuente de neuropatía perineal, lo que puede derivar en alteraciones sensitivo-motoras, disfunción eréctil o dolor perineal persistente.
En personas mayores activas, la pérdida de masa muscular (sarcopenia), sumada al estrés mecánico de ciertas prácticas deportivas, puede reducir la capacidad de respuesta del suelo pélvico ante estímulos intensos, desencadenando síntomas de incontinencia o descenso visceral incluso en personas con buena condición física general.
La valoración funcional del suelo pélvico en personas deportistas
Constituye un proceso clínico riguroso, integral y personalizado, que debe adaptarse no solo a la disfunción presentada, sino también al tipo de deporte practicado, la edad, el sexo, el estado hormonal, la historia obstétrica en mujeres y los antecedentes lesionales generales.
Se trata de una herramienta diagnóstica indispensable que permite no solo identificar signos clínicos evidentes, sino también captar alteraciones sutiles de la funcionalidad pelviperineal que pueden afectar al rendimiento o convertirse en factores de riesgo.
El proceso comienza con una entrevista clínica exhaustiva, donde se recogen datos fundamentales sobre el tipo de práctica deportiva (disciplina, frecuencia, volumen de carga, técnica utilizada), así como los síntomas percibidos por la persona: pérdidas de orina, sensación de pesadez pélvica, estreñimiento, dolor durante o después del ejercicio, molestias en relaciones sexuales o dificultades miccionales y/o defecatorias.
También se indaga en aspectos relevantes del estilo de vida, la historia ginecológica o urológica y los patrones respiratorios.
Posteriormente, se realiza una exploración física, que puede incluir una evaluación interna (vaginal o rectal), siempre respetando el consentimiento informado y los protocolos éticos.
En esta evaluación se valoran parámetros clave como el tono muscular de base, la fuerza de contracción voluntaria, la resistencia al esfuerzo mantenido, la capacidad de relajación tras la contracción y la coordinación con el diafragma y la musculatura abdominal profunda.
Esta información es esencial para establecer si existe hipotonía, hipertonía o una disfunción de tipo coordinativo.
La ecografía funcional abdominopélvica se ha consolidado como una herramienta no invasiva de gran valor en el ámbito deportivo. Permite observar en tiempo real la movilidad del suelo pélvico durante maniobras como la tos, la contracción perineal o el salto, lo que facilita la identificación de disinergias musculares, alteraciones viscerales o fallos en la gestión de la presión intraabdominal.

En algunos casos, se recurre a la electromiografía (EMG), ya sea de superficie o endocavitaria, para analizar la calidad de la activación muscular, la presencia de coactivaciones patológicas, la resistencia a la fatiga o el tiempo de latencia de la contracción. Es especialmente útil en deportistas con síntomas sin hallazgos claros en la exploración física.
Por último, se integran pruebas funcionales dinámicas, como saltos, carreras, sentadillas o maniobras de Valsalva, con el objetivo de reproducir situaciones deportivas reales. Esto permite correlacionar el síntoma con el gesto técnico y ajustar el plan terapéutico al perfil de exigencia del deporte practicado.
Abordaje terapéutico: tratamiento y prevención en población deportista
El tratamiento de las disfunciones del suelo pélvico en personas deportistas no debe limitarse a la corrección del síntoma, sino que debe entenderse como un proceso de reeducación funcional integral. Esta intervención debe ser multimodal, individualizada y progresiva, considerando tanto los objetivos deportivos como las particularidades fisiológicas del o la paciente.
Una de las piedras angulares del tratamiento es el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico, basado en ejercicios tipo Kegel adaptados al perfil de la persona.
Estos ejercicios deben ser guiados por un profesional experto, asegurando una ejecución correcta que integre la activación sinérgica del diafragma, el transverso abdominal y los multífidos.
Su propósito es recuperar la fuerza, la resistencia y la coordinación del periné para soportar las cargas propias de la práctica deportiva.
El abordaje se complementa con un entrenamiento funcional del core, enfocado en restablecer un equilibrio tónico entre el abdomen profundo, la musculatura lumbopélvica y el suelo pélvico.
Aquí es clave la integración funcional de la respiración, la postura y la dinámica del movimiento, considerando la gestualidad específica de cada deporte.
Las técnicas hipopresivas, cuando están bien indicadas, pueden contribuir de forma relevante a la reprogramación de los patrones posturales y respiratorios, facilitando la gestión de presiones y reduciendo la carga descendente sobre el periné. Además, generan una activación refleja del suelo pélvico que puede ser especialmente útil en etapas iniciales o en casos de hipotonía leve.

El uso del biofeedback es una herramienta terapéutica potente para mejorar la conciencia corporal y el control voluntario del periné, permitiendo a la persona visualizar la calidad de su contracción o relajación. Esto resulta muy útil en casos de disfunción de la coordinación o para mejorar el aprendizaje motor en deportistas jóvenes.
Por otro lado, la reeducación respiratoria y diafragmática tiene un rol crucial en el control de la presión intraabdominal. Muchos patrones incorrectos en deportistas derivan de una respiración apical o de la apnea en esfuerzos, lo que compromete la seguridad del suelo pélvico y favorece la aparición de disfunciones.
La educación ergonómica del gesto deportivo es esencial para prevenir recaídas. Esto implica enseñar a la persona a integrar la activación perineal en acciones como levantar peso, correr, saltar o empujar, de forma que el suelo pélvico no se convierta en el eslabón débil de la cadena cinética.
La terapia manual, incluyendo técnicas miofasciales, liberación de puntos gatillo, movilizaciones pelviperineales o manipulaciones viscerales, permite modular el tono muscular, liberar restricciones y restablecer una buena movilidad fascial entre las estructuras de la cavidad pélvica y abdominal.

En este contexto, el uso clínico de la diatermia/tecarterapia ofrece una opción terapéutica avanzada y respaldada por la ciencia para el tratamiento de disfunciones del suelo pélvico en deportistas. Al combinarse con técnicas de fisioterapia activa, educación del paciente y razonamiento clínico, representa un recurso de gran valor para restablecer el equilibrio funcional del sistema abdominopélvico.
La diatermia/tecarterapia resistiva-capacitiva trabaja mediante corriente alterna de alta frecuencia entre 300 kHz y 1200 kHz, generando un efecto térmico endógeno.
- Modalidad capacitiva (aplicadores con recubrimiento aislante): focalizada en tejidos hidratados (músculo, vasos, edema, tejido conectivo blando).
- Modalidad resistiva (aplicadores metálicos sin aislamiento): indicada para tejidos con alta resistencia (fascias, ligamentos, tendones, hueso cortical, nervios).
En patologías del suelo pélvico, ambos modos son útiles según el objetivo: relajación muscular, modulación de la inflamación, activación de fibras profundas, mejora del trofismo, drenaje de edemas, tratamiento de fibrosis y adherencias y neuromodulación del dolor.
Neuromodulación con diatermia: el enfoque de la Neurodiatermia
En el caso de DSP con componente neuromuscular o dolor persistente (como el dolor perineal en ciclistas o la hipertonía postural en gimnastas), el abordaje mediante Neurodiatermia® ofrece beneficios terapéuticos altamente específicos:
- Estimulación de nervios periféricos (pudendo, obturador, tibial posterior, etc.)
- Reducción del dolor mediante control de la entropía neuronal
- Restauración de patrones aferentes y eferentes normales
- Facilitación de la neuroplasticidad y reequilibrio de tono muscular
Esto permite restablecer la funcionalidad del sistema nervioso periférico y autónomo que regula el suelo pélvico, con mejor tolerancia por parte del paciente.
Protocolo terapéutico sugerido:
- Valoración funcional y ecografía abdominopélvica: para objetivar disfunción y planificar la intervención.
- Elección del modo de aplicación:
- Capacitivo: para musculatura perineal, congestión venosa o dolor miofascial.
- Resistivo: para ligamentos sacroespinosos, inserciones fasciales del periné, tratamiento de bandas tensas, puntos trigger o estabilización lumbopélvica.

- Modalidad neurodiatermia: si se detecta componente neuropático o dolor crónico.
- Periodicidad y duración de las sesiones:
- 2 a 3 sesiones semanales (20–30 minutos)
- Total, estimado: 8–12 sesiones, ajustable según evolución.
- Intensidad: en procesos agudos donde buscamos disminuir el dolor y modular la inflamación realizaremos aplicaciones atérmicas/subtérmicas o térmicas muy suaves. Si es necesario aplicaremos el programa especial pulsado o atérmico. En etapas subagudas trabajaremos con sensaciones térmicas, elevando de dos a tres grados la temperatura de la zona de tratamientos.
En procesos cronificados o en aquellos que pretendamos una relajación muscular la percepción de calor por parte del paciente debe ser cómoda; pero notable, especialmente cuando el objetivo es estimular fibroblastos y mejorar la síntesis de colágeno y elastina.
- Frecuencia: el rango de frecuencia entre 300 y 1200 kHz permite una modulación terapéutica precisa según el tejido diana y la profundidad deseada:
300–450 kHz (baja frecuencia): penetra profundamente, ideal para músculos profundos y estructuras internas como el elevador del ano.
500–800 kHz (media frecuencia): tratamiento combinado sobre músculo y fascia, útil en hipertonías o disfunciones mixtas.
900–1200 kHz (alta frecuencia): efecto superficial y vascular, ideal para edema, congestión venosa o procesos inflamatorios iniciales.
- Es esencial una reevaluación periódica y la integración con ejercicio terapéutico, biofeedback y reeducación respiratoria-abdominal.
Precauciones y contraindicaciones
Se deben seguir estrictamente las normas de seguridad del fabricante, y entre otras, son contraindicaciones absolutas el uso de diatermia en:
- Embarazo
- Procesos oncológicos
- Presencia de marcapasos o dispositivos electrónicos implantados
- Infecciones agudas
- Alteraciones severas de sensibilidad
El profesional debe garantizar un contacto adecuado del electrodo y una comunicación constante con el paciente para evitar efectos adversos.
Trabajo interdisciplinar y estrategias preventivas en el deporte
El éxito del abordaje terapéutico y preventivo del suelo pélvico en el deporte requiere de una colaboración estrecha entre fisioterapeutas, entrenadores, ginecólogos, urólogos, matronas y preparadores físicos. Esta sinergia permite diseñar estrategias eficaces en las diferentes etapas del desarrollo deportivo.
Es clave implementar programas de prevención primaria desde edades tempranas, especialmente en disciplinas de impacto. Estos programas deben incluir educación corporal, evaluación de riesgos, control de cargas y estrategias de activación protectora del suelo pélvico.
El ajuste del entrenamiento al ciclo hormonal en mujeres permite optimizar el rendimiento sin comprometer la integridad del sistema pelviperineal. La planificación del esfuerzo debe considerar los cambios en laxitud ligamentosa, hidratación del tejido conectivo y sensibilidad pélvica que se producen a lo largo del ciclo menstrual.
*Es importante recordar que esta información es solo para fines informativos y no debe considerarse como un sustituto del consejo médico profesional.*
Somos especialistas en Diatermia-Radiofrecuencia-Tecarterapia. Si quieres asesoramiento en equipos o formación contacta con nosotros.
Esmeralda Banacloy. Fisioterapeuta: 677.47.20.37



