Esmeralda Banacloy Martínez

Fisioterapeuta

Autora de: Libro Diatermia Capacitiva y Resistiva y Cursos Online de Therapy Global Solutions

DIATERMIA PARA EL TRATAMIENTO DE LA ROTURA PARCIAL DE SEMIMEMBRANOSO. NEUROMODULACIÓN

En el conjunto de músculos que integran los isquiocrurales o isquiotibiales, el semimembranoso es el que se encuentra a mayor profundidad, en una ubicación medial.  Su origen está en la tuberosidad isquiática de la pelvis y la inserción en la parte interna y posterior de la meseta tibial, conformando la pata de ganso profunda.

Tiene como función principal la flexión de rodilla y extensión de cadera, aunque también realiza la rotación interna de rodilla sobre todo con la cadera en flexión. Al ser un musculo biarticular se lesiona con mayor frecuencia que los músculos monos articulares, sufriendo una mayor carga sobre todo en deportes que exigen este particular tipo de esfuerzo como pueden ser el futbito, salto, el futbol, el tenis, baloncesto, etc.

Las roturas parciales del semimembranoso se originan generalmente en el cambio repentino entre su contracción concéntrica y excéntrica, tal como sucede en todo deporte que requiere de aceleraciones y paradas bruscas.  El otro mecanismo lesional son los traumatismos o compresión, lo que puede producir una hemorragia profunda en el músculo. Es una lesión que no pasa desapercibida por el deportista, ya que produce de inmediato un dolor agudo, intenso y mantenido, que puede desencadenar una incapacidad motora momentánea, acompañándose de hemorragia interna y procesos inflamatorios. La clínica es suficiente para el diagnóstico de la lesión, al explorar nos podemos encontrar con dolor, equimosis y espasmo muscular, pudiendo ser confirmada por ecografía y RMN.

 

Factores que inciden sobre el aumento de las lesiones del músculo semimembranoso:

 

  • Genéticos. Los deportistas de raza negra tienen un mayor porcentaje de fibras musculares blancas que los de raza blanca. Este tipo de fibra de acción rápida y anaeróbicas, proporcionan una mayor capacidad de aceleración, y por ese mismo motivo el mayor porcentaje favorece este particular tipo de lesión.

 

  • Desequilibrio de fuerza entre ambas extremidades, y entre agonistas y antagonistas. Este desequilibrio se produce cuando la musculatura de una pierna es más potente que la de la otra, y por lo tanto las lesiones se producirán en la más débil. Pero también podemos encontrarnos con que no existe un equilibrio entre la musculatura del cuádriceps y de los isquiotibiales y la misma extremidad, cuando la fuerza relativa del cuádriceps es superior a la de su antagonista las posibilidades de lesión del semimembranoso se incrementan.

 

  • Resulta evidente que las lesiones previas del semimembranoso inciden negativamente de cara a las expectativas de una nueva lesión. Las recaídas son comunes en este particular músculo biarticular. No hay modo de impedir que una rotura de fibras genere una cicatriz, ese tejido no va a responder del mismo modo a las sobre solicitaciones de carga que el resto del tejido circundante, ya que las fibras son más cortas y el tejido cicatricial es menos elástico. Alrededor del 59% de las lesiones se dan durante el primer mes de vuelta a la práctica deportiva.

Si podemos realizar un tratamiento precoz en el periodo agudo, conseguiremos que el tejido cicatricial disponga de cualidades más similares al original y disminuya de esta forma el riesgo de recidiva, por el contrario, si se produce una cicatriz fibrosada y con adherencias, las posibilidades de sufrir una nueva rotura se incrementan.

  • Flexibilidad muscular limitada. Con la musculatura hipertónica, rígida, con una viscoelasticidad reducida el riesgo de rotura fibrilar también se verá aumentado. Hemos de considerar el conjunto, ya que una musculatura isquiotibial relajada con un cuádriceps tenso supone un riesgo indiscutible. Es importante tener en cuenta las condiciones de las cadenas musculares que intervienen en cada gesto deportivo, así como las alteraciones lumbo-pélvicas.
  • Agotamiento muscular crónico. El agotamiento agudo tras un encuentro es normal, el problema se presenta cuando la recuperación es insuficiente y se producen nuevas cargas sin que se instaure una recuperación adecuada. En primer lugar, aparecerá un agotamiento subagudo, que permitirá jugar, pero con merma de las condiciones físicas. Tras ello, si no existe un protocolo para evitar estas situaciones, se producirá un agotamiento crónico, que es el germen de multitud de lesiones perfectamente evitables por medio de un sencillo control médico.

Este tipo de patologías secundarias a procesos de agotamiento crónico son comunes, incluso en equipos de élite, hacia el final de la temporada de competición.

Tener presente los puntos que acabamos de mencionar es la clave para un protocolo preventivo de lesiones musculares. La colaboración eficaz entre el entrenador y el equipo médico suponen en este aspecto un elemento fundamental. Tan importante es el reposo adecuado como el equilibrio biodinámico de la fuerza entre las diversas cadenas musculares, que si es optimizado proporcionará el mejor rendimiento deportivo y el mínimo riesgo para el deportista.

Cuando se ha producido una rotura fibrilar del semimembranoso la inmovilización y el frío local durante las primeras 48-72h son esenciales. Pasado este tiempo la diatermia es esencial en el proceso de recuperación. Ninguna otra técnica de electroterapia permite trabajar con frecuencias que alcancen una profundidad como la requerida en este caso, de ahí la necesidad de los equipos modernos que aportan multifrecuencia.

La diatermia puede utilizarse desde el momento en que comprobamos ecográficamente que el proceso de cicatrización ha comenzado. Pasados aproximadamente entre cuatro o cinco días tras la inmovilización podremos empezar a realizar un tratamiento que produzca un efecto bioestimulante, modula la inflamación y reduzca la posibilidad de fibrosis. Inicialmente trabajaremos con intensidades bajas, buscando un efecto atérmico, y conforme pasen los días iremos incrementando poco a poco la intensidad. El aumento de la vascularización con la consecuente reducción de la hipoxia y el drenaje de catabolitos reducen el riesgo de fibrosis y adherencias. Por otra parte, al ser la evolución de la recuperación más rápida habrá una menor pérdida de fuerza.

Tratamiento del dolor en la rotura parcial del semimembranoso con Neuromodulación

Resulta evidente que no comenzaremos este tipo de tratamiento hasta pasado un tiempo prudencial. La neuromodulación implica un intenso incremento de riego sanguíneo, debido a las elevadas cantidades de energía que vamos a utilizar. Evitaremos siempre incrementar la inflamación residual.

Ante la duda, nuestra recomendación es utilizar este tipo de neuromodulación de forma indirecta, a lo largo del recorrido del nervio aferente. Observaremos que obtendremos en la mayor parte de los casos los mismos resultados que en la aplicación directa sobre el tejido lesionado, y sin correr riesgo alguno.

En ambos modos de aplicación colocaremos el electrodo resistivo mediano o pequeño sobre la zona de elección, con la frecuencia más baja que disponga nuestro equipo, y si es posible con una modulación entre 50 Hz y 100 Hz. Iremos elevando la intensidad poco a poco hasta que el paciente nos indique que la sensación térmica percibida comienza a ser muy elevada. Separaremos el electrodo, reduciremos la intensidad un 5 – 10 %, y volveremos a aplicar el electrodo en el mismo lugar hasta que el paciente nos vuelva a indicar que nota un calor que comienza a ser incomodo, pero evitando siempre que perciba que le “quema”. Realizaremos este modo de aplicación aproximadamente tres veces en cinco minutos, si hemos hecho las tres aplicaciones en menos tiempo repetiremos la operación hasta que se cumpla el tiempo indicado.

Consideramos especialmente útil la diatermia en el tratamiento de la rotura parcial del semimembranoso, puesto que posibilita actuar con gran eficacia frente al dolor y la inflamación de modo temprano. Además, el estado de fiebre local, controlada a voluntad, incrementará la tasa metabólica de los tejidos tratados, y con ello favorecerá sin duda el proceso de recuperación.

TRATAMIENTO CON DIATERMIA

Dejando pasar el tiempo prudencial suficiente para eliminar cualquier riesgo de hemorragia, que variará según los casos de 4 a 7 días como mínimo, se iniciará el tratamiento diatérmico

Aplicación de la modalidad capacitiva: seleccionaremos el electrodo capacitivo mediano. Trataremos la zona lesionada la zona lesionada sin ejercer demasiada presión y el resto del vientre muscular. En caso de existir hipertono o contracturas refleja en otros grupos musculares los trataremos también.

Colocación de la placa pasiva: la ubicación de la placa pasiva nos permite orientarnos más específicamente hacia el síntoma que en ese momento nos interese tratar, sin que ello suponga que situarla utilizando esta o cualquier otra geometría, evite que se produzcan todos los efectos fisiológicos que pone en marcha la aplicación de la diatermia.

Si deseamos realizar un tratamiento lo más eficaz posible frente al síntoma dolor colocaremos la placa pasiva lo más próxima a la salida de las raíces nerviosas del dermatoma afectado, utilizando generalmente una geometría longitudinal. Lo mismo que en el caso de querer realizar un drenaje, donde situaremos la placa lo más cercana posible a las estaciones o nódulos linfáticos.

Si el objetivo es reducir la inflamación o el hipertono muscular colocaremos la placa lo más transversal posible. Prestando atención a que la intensidad a aplicar se adaptará a cada objetivo concreto.

Tiempo de tratamiento: 15 minutos aproximadamente.

Intensidad: cuando nuestro objetivo sea modular la inflamación, en periodo agudo trataremos de forma atérmica (Grado I), el paciente no debe percibir calor en ningún caso, si ello sucediera reduciremos la intensidad o utilizaremos el programa pulsado.

En el caso de buscar una disminución del edema trabajaremos también con potencias o intensidades bajas, buscando sensaciones térmicas muy suaves, Grado II, con la finalidad de estimular ligeramente el drenaje hemolinfático.

Cuando pretendamos reducir la contractura realizaremos el tratamiento con intensidades medias-altas, que favorezcan la percepción sensación térmica grado II o III.

Frecuencia:  siempre elegiremos una u otra frecuencia en función de la profundidad en la que deseamos obtener la mayor eficacia. En este caso en concreto recomendamos:

  • 400 – 500 KHz como frecuencia estándar.

Aplicación de la modalidad resistiva:

Frente a una rotura del semimembranoso procuraremos usar la diatermia resistiva sobre el foco de la lesión, sobre todo si esta se encuentra en la zona tendinosa, sin olvidarse de la unión miotendinosa, para favorecer su viscoelasticidad.

Utilizaremos la técnica resistiva para llegar a calentar ligeramente aquellos tejidos que se resisten al paso de la corriente, en este caso concreto el tendón y tejido cicatricial. También podemos utilizar los electrodos resistivos miofasciales para eliminar adherencias, densificaciones y limitaciones de la movilidad, tanto del tendón como del vientre muscular. Hay que recordar que en casos agudos no podemos trabajar directamente sobre la zona de la rotura, sino de forma proximal y distal a esta.

Cuando comencemos con los ejercicios isométricos, de propiocepción y los estiramientos podemos ayudarnos de los electrodos resistivos automáticos para favorecer la vascularización y oxigenar los tejidos.

Colocación de la placa pasiva: dependiendo del síntoma al que deseamos prestar una mayor atención:

Si es el dolor lo que más incomoda al paciente y dificulta su colaboración, ubicaremos la placa pasiva lo más cercana posible a la salida de las raíces nerviosas del dermatoma afectado. Este tipo de aplicación nos permite tratar de forma directa la rotura parcial, mejorar la viscoelasticidad, incrementar el riego sanguíneo y favorecer el drenaje de los catabolitos, pero al mismo tiempo el impulso eléctrico recorrerá el tejido nervioso provocando un potente efecto neuromodulador del dolor.

Si nuestro objetivo esencial es actuar sobre el proceso de regeneración  e inflamatorio colocaremos la placa transversal, teniendo en cuenta que en ambos casos la intensidad a aplicar en modo alguno será la misma.

Tiempo de tratamiento: 10-12 minutos.

Intensidad: en periodo agudo trabajaremos en atérmico, evitando que el paciente perciba sensación térmica alguna. Siempre atentos y preguntando a menudo acerca de la sensación térmica percibida, para reducir la intensidad, aunque nos indique que percibe tan solo calor moderado.

En etapas más avanzadas o cicatrices que se han fibrosado realizaremos el tratamiento buscando una sensación térmica intensa, aunque no molesta, Grado III.

Frecuencia: elegiremos una u otra frecuencia en función de la profundidad en la que deseamos obtener la mayor eficacia.

  • 400 – 500 KHz como frecuencia estándar.

Somos especialistas en Diatermia-Radiofrecuencia-Tecarterapia. Si quieres asesoramiento en equipos o formación contacta con nosotros. Francisco Barrios. Fisioterapeuta: 697. 66. 53. 06