Dolor pélvico crónico y diatermia: abordaje fisioterapéutico avanzado

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La diatermia capacitiva y resistiva puede ser una herramienta muy valiosa dentro del tratamiento fisioterapéutico del dolor pélvico crónico, siempre que se utilice como parte de un razonamiento clínico global y no como una técnica aislada.

Su interés en esta patología se debe a varios factores. La pelvis profunda es una región de difícil acceso mediante tratamientos superficiales.

Muchos pacientes presentan hipertonía, dolor miofascial, hipoperfusión relativa, rigidez fascial, hipersensibilidad o mala tolerancia al tratamiento manual. En estos casos, una aplicación bien dosificada puede ayudar a modular dolor, mejorar la circulación local, reducir la resistencia tisular y crear una ventana terapéutica más favorable.

Desde el punto de vista fisiológico, la diatermia puede contribuir a la analgesia, la vasodilatación, la mejora del metabolismo local, la disminución de la rigidez, el aumento de la viscoelasticidad, la modulación inflamatoria, el drenaje y la relajación muscular.

Estos efectos pueden ser especialmente interesantes cuando el dolor pélvico crónico cursa con hipertonía del suelo pélvico, restricción miofascial, dolor suprapúbico, cicatrices dolorosas, dolor durante el contacto o disfunción lumbopélvica asociada.

Aunque la evidencia específica sobre radiofrecuencia/diatermia en dolor pélvico crónico está creciendo, todavía debe interpretarse con prudencia.

Existen estudios prometedores sobre radiofrecuencia capacitiva-resistiva y rehabilitación pélvica, pero la diatermia debe integrarse dentro de un abordaje multimodal y no sustituir la valoración clínica ni el tratamiento fisioterapéutico global.

La clave no es “aplicar diatermia al dolor pélvico”, sino decidir para qué se aplica, sobre qué tejido, en qué fase, con qué dosis, con qué respuesta esperada y dentro de qué estrategia terapéutica.

Diatermia capacitiva


La modalidad capacitiva suele orientarse a tejidos con mayor contenido hídrico y puede resultar útil en abordajes más globales, fases de mayor irritabilidad, modulación del dolor, preparación del territorio abdominopélvico y trabajo sobre tejidos blandos más vascularizados.

Puede tener especial interés cuando el objetivo es:

  • Reducir hipertonía defensiva.
  • Mejorar tolerancia al contacto.
  • Modular dolor en fases irritables.
  • Preparar los tejidos antes de terapia manual.
  • Trabajar la región abdominal, suprapúbica o lumbopélvica de forma progresiva.

La modalidad resistiva suele tener mayor interés cuando el objetivo clínico se relaciona con tejidos de mayor resistencia relativa, planos fasciales densos, inserciones, zonas fibróticas, cicatrices, estructuras profundas o regiones con restricción persistente.

Puede ser útil cuando existe:

  • Dolor miofascial localizado.
  • Restricción fascial profunda.
  • Cicatriz dolorosa o adherente.
  • Rigidez persistente.
  • Dolor asociado a estructuras de mayor resistencia eléctrica relativa.

No obstante, capacitivo y resistivo no deben entenderse como compartimentos cerrados. En la práctica clínica pueden combinarse de forma razonada según el tejido diana, la fase clínica, la profundidad funcional, la sensibilidad del paciente y la respuesta obtenida.


Situación clínicaObjetivo fisioterapéuticoPapel posible de la diatermia
Hipertonía del suelo pélvicoReducir tono defensivo, dolor y amenazaAplicación suave, analgésica y preparatoria
Dolor miofascial pélvicoMejorar tolerancia al contacto y movilidad tisularFacilitar terapia manual y técnicas miofasciales
Cicatrices dolorosasMejorar movilidad, vascularización y sensibilidadApoyo en viscoelasticidad y deslizamiento tisular
DispareuniaMejorar tolerancia, movilidad, confianza y funciónCoadyuvante dentro de un abordaje global y progresivo
Dolor suprapúbico o abdominopélvicoModular dolor y reducir protección abdominalAplicación capacitiva conservadora y progresiva
Sensibilización altaReducir amenaza y graduar estímulosSolo dosis suaves, no invasivas y muy bien toleradas
Fase funcionalPreparar tejidos para ejercicio o exposición gradualHerramienta previa al trabajo activo

La aplicación de diatermia en dolor pélvico crónico exige especial prudencia. La pelvis es una región sensible desde el punto de vista anatómico, funcional, emocional y sexual, por lo que la seguridad técnica debe ir acompañada de consentimiento informado, comunicación constante y respeto absoluto a la tolerancia del paciente.

Antes de aplicar diatermia es imprescindible:

Durante la aplicación debe mantenerse un control térmico constante. La sensación debe ser agradable, tolerable y nunca molesta, dolorosa o invasiva.

En pacientes con hipersensibilidad, alodinia, antecedentes de experiencias dolorosas o alta vigilancia corporal, es preferible comenzar con estímulos conservadores y observar la respuesta posterior.

Deben respetarse siempre las indicaciones del fabricante, las contraindicaciones absolutas y relativas del equipo utilizado y el criterio clínico profesional.


Entre las contraindicaciones y precauciones generales se incluyen:

También debe extremarse la prudencia en casos de dolor pélvico con alta sensibilización, dispareunia severa, trauma previo, dolor al contacto o mala tolerancia a la exploración. En estos pacientes, una intervención demasiado intensa puede aumentar la irritabilidad del sistema.

La diatermia no debe sustituir la valoración médica cuando existen signos de alarma ni debe presentarse como tratamiento único.

Su valor aparece cuando se integra con educación, terapia manual, abordaje funcional, control de cargas y progresión clínica.la función de cadera, la respuesta de la pared abdominal, la movilidad de cicatrices, la palpación de tejidos externos, la valoración de zonas de hipersensibilidad y el análisis funcional general.

Cuando esté indicado, y siempre con consentimiento informado, puede realizarse valoración específica del suelo pélvico.

Esta exploración puede aportar información sobre tono basal, capacidad de relajación, dolor a la palpación, puntos de hipersensibilidad, coordinación, respuesta al aumento de presión intraabdominal y relación entre respiración, abdomen y periné.


La diatermia no debe aplicarse como receta fija, pero puede organizarse dentro de una lógica clínica:

Fase 1: alta irritabilidad

Objetivo: seguridad, analgesia, reducción de amenaza y tolerancia al contacto.
Estrategia: aplicaciones suaves, preferentemente capacitivas, con intensidad baja  o atérmica.
Evitar: calor intenso, presión profunda, trabajo invasivo o tiempos excesivos.

Fase 2: predominio miofascial o hipertonía

Objetivo: reducir tono defensivo, mejorar movilidad tisular y facilitar terapia manual.
Estrategia: capacitiva como preparación, seguida de terapia manual muy dosificada. La resistiva puede incorporarse si existe buena tolerancia y objetivo tisular claro.
Evitar: convertir el tratamiento en una intervención pasiva repetida sin progresión funcional.

Fase 3: fibrosis, cicatriz o restricción persistente

Objetivo: mejorar extensibilidad, deslizamiento entre planos y tolerancia mecánica.
Estrategia: resistiva selectiva y bien dosificada, combinada con trabajo manual, respiración, movilidad y educación.
Evitar: presión agresiva o estímulos dolorosos que aumenten la protección del sistema.

Fase 4: integración funcional

Objetivo: transferir la mejoría clínica a la vida real.
Estrategia: usar la diatermia como preparación para ejercicio, exposición gradual, sedestación, movilidad de cadera, trabajo lumbopélvico o función sexual progresiva cuando proceda.
Evitar: dependencia excesiva de tratamientos pasivos.


Para los profesionales que deseen profundizar en la aplicación clínica de la diatermia en disfunciones pelviperineales, este tema se desarrolla con mayor amplitud en nuestro libro de Diatermia / Tecarterapia avanzada en patologías de suelo pélvico y en el curso de Diatermia/Tecarterapia en patología de suelo pélvico, siempre desde una perspectiva clínica, segura y razonada.

Evolución clínica y fases de recuperación


La evolución del dolor pélvico crónico suele ser variable.

Al tratarse de una entidad multifactorial, la recuperación no siempre sigue una línea recta.

Pueden existir periodos de mejoría, recaídas y fluctuaciones relacionadas con estrés, ciclo hormonal, actividad física, descanso, sedestación, función intestinal, vida sexual o carga laboral.

En fases iniciales de tratamiento, especialmente cuando el cuadro es muy irritable, los primeros indicadores de evolución positiva pueden no ser la desaparición completa del dolor, sino una mejor tolerancia al contacto, menor miedo, mayor sensación de control, mejor descanso, reducción de la hipervigilancia o menor intensidad de las crisis.

Posteriormente puede observarse mejoría de la movilidad, disminución de la rigidez, reducción de la hipertonía, mayor tolerancia a la sedestación, mejor función urinaria o intestinal, disminución del dolor durante actividades concretas y mayor confianza en la región pélvica.

En fases más avanzadas, el objetivo será transferir la mejoría clínica a la vida real: trabajo, actividad física, sexualidad, ocio, deporte o actividades de cuidado.

Esta transferencia es esencial, porque un tratamiento que reduce síntomas en camilla, pero no mejora la funcionalidad cotidiana queda incompleto.

No conviene establecer calendarios rígidos de recuperación.

El tiempo dependerá de la causa inicial, la duración del cuadro, la presencia de sensibilización central, las comorbilidades, el estado emocional, el sueño, las cargas mecánicas, los factores hormonales, la adherencia terapéutica y la coordinación interdisciplinar.


La educación del paciente es una pieza central en el tratamiento del dolor pélvico crónico.

El paciente necesita comprender que su dolor es real, aunque no siempre exista una lesión visible que lo explique por completo. Validar la experiencia dolorosa es fundamental para construir una relación terapéutica segura.

Es importante explicar que el sistema nervioso puede volverse más sensible después de meses o años de dolor, inflamación, miedo, protección muscular o experiencias negativas. Esta sensibilización no significa que el dolor sea psicológico, sino que el sistema de alarma está funcionando con un umbral más bajo.

El paciente debe aprender a identificar factores que agravan sus síntomas, sin caer en evitación excesiva. El objetivo no es vivir evitando todo estímulo, sino recuperar progresivamente tolerancia, seguridad y autonomía.

También conviene abordar hábitos relacionados con sedestación prolongada, descanso, estrés, función intestinal, micción, sexualidad, actividad física, respiración y carga diaria, siempre desde un enfoque educativo y no culpabilizador.

Debe recomendarse consultar ante signos de alarma, evitar automedicación no supervisada y no recurrir a tratamientos invasivos o intensos sin una valoración profesional adecuada.

Uno de los mensajes más importantes es que la recuperación del dolor pélvico crónico no consiste solo en “relajar una musculatura” o “desinflamar una zona”. Consiste en devolver al sistema pélvico capacidad de adaptación, movimiento, confianza, tolerancia y función.


Tratar el dolor pélvico como un problema exclusivamente local

Centrarse solo en el punto doloroso puede dejar sin abordar factores esenciales como la sensibilización, la respiración, la cadera, la columna lumbar, la función visceral, la carga emocional o los hábitos cotidianos.

Aplicar técnicas sin razonamiento clínico

La diatermia, la terapia manual o cualquier otra herramienta pueden ser útiles, pero pierden valor cuando se aplican de manera protocolizada, sin adaptar la intervención a la irritabilidad del paciente.

Asumir que todo suelo pélvico doloroso necesita fortalecimiento

En muchos cuadros de dolor pélvico crónico existe hipertonía, incapacidad de relajación, protección excesiva o dolor miofascial. En estos casos, insistir en la contracción sin haber restaurado antes la tolerancia, la relajación y la coordinación puede empeorar los síntomas.

Sobrecargar demasiado pronto

La progresión debe respetar la respuesta del sistema. Forzar la exposición, el contacto o la carga funcional antes de que el paciente esté preparado puede aumentar la amenaza percibida y perpetuar el dolor.

Transmitir fragilidad o prohibir el movimiento

También debe evitarse el extremo contrario: inmovilizar, prohibir movimiento o transmitir fragilidad. El paciente necesita recuperar confianza, pero esa confianza debe construirse mediante progresión razonada.

Utilizar diatermia sin criterio fisiológico

En relación con la diatermia, el error principal es utilizarla sin criterio fisiológico: aplicar calor profundo de forma indiscriminada, no valorar contraindicaciones, no ajustar la intensidad, ignorar la respuesta del paciente o presentarla como una solución única.

No educar al paciente

Sin comprensión del proceso, el paciente puede interpretar cada síntoma como daño, aumentar su miedo y depender excesivamente de tratamientos pasivos.


¿Qué es exactamente el dolor pélvico crónico?

El dolor pélvico crónico es un dolor persistente o recurrente localizado en la región pélvica, que suele mantenerse durante varios meses y puede afectar a la función urinaria, intestinal, sexual, laboral, deportiva o emocional.

No siempre depende de una única lesión visible, sino que puede estar relacionado con una combinación de factores musculares, fasciales, viscerales, nerviosos, hormonales, inflamatorios y de sensibilización del sistema nervioso.

¿El dolor pélvico crónico significa que hay una lesión grave?

No necesariamente. En algunos casos existe una patología médica concreta, como endometriosis, infección, cicatriz dolorosa, neuralgia o alteración visceral. Sin embargo, en otros pacientes el dolor persiste porque el sistema nervioso, el suelo pélvico y los tejidos de la zona han quedado sensibilizados o en estado de protección. Por eso es importante realizar una valoración adecuada y descartar signos de alarma.

¿Por qué puede doler la pelvis si las pruebas médicas salen normales?

Porque el dolor no siempre depende de una alteración visible en una prueba de imagen. Puede existir hipertonía del suelo pélvico, dolor miofascial, irritación nerviosa, alteración de la movilidad, sensibilización periférica o central, cambios en la respiración, disfunciones viscerales o patrones de protección mantenidos.

Las pruebas médicas son importantes, pero no siempre explican toda la experiencia dolorosa.

¿Qué síntomas puede producir el dolor pélvico crónico?

Puede producir dolor suprapúbico, perineal, genital, rectal, lumbar bajo, inguinal o sacro. También puede asociarse a dolor durante las relaciones sexuales, molestias al orinar, urgencia miccional, dolor al defecar, estreñimiento, sensación de presión pélvica, quemazón, pinchazos, hipersensibilidad, dolor al estar sentado o dificultad para realizar actividades cotidianas.

¿El suelo pélvico siempre está débil en estos casos?

No. Este es un error frecuente. En muchos casos de dolor pélvico crónico el problema principal no es la debilidad, sino el exceso de tono, la dificultad para relajar, la contracción defensiva mantenida o la falta de coordinación.

Por eso no siempre conviene empezar reforzando. Primero hay que valorar si el suelo pélvico necesita relajarse, coordinarse, recuperar movilidad o mejorar su tolerancia al contacto.

¿La fisioterapia puede ayudar en el dolor pélvico crónico?

Sí. La fisioterapia especializada puede ayudar a modular el dolor, mejorar la movilidad, reducir la hipertonía, mejorar la función del suelo pélvico, trabajar cicatrices, mejorar la coordinación abdominopélvica, acompañar la recuperación funcional y educar al paciente sobre su proceso. El tratamiento debe ser individualizado y adaptado a la causa, la fase clínica y la irritabilidad del cuadro.

¿La diatermia cura el dolor pélvico crónico?

No debe presentarse como una cura ni como un tratamiento único. La diatermia capacitiva y resistiva puede ser una herramienta coadyuvante útil para modular el dolor, mejorar la perfusión, favorecer la relajación muscular, mejorar la viscoelasticidad tisular y facilitar el trabajo manual o funcional. Su eficacia depende de que se integre dentro de un abordaje fisioterapéutico completo.

¿Cuándo puede ser útil la diatermia en dolor pélvico crónico?

Puede ser útil cuando existe hipertonía, dolor miofascial, rigidez fascial, cicatrices dolorosas, mala perfusión tisular, dolor suprapúbico, dolor perineal, sensibilidad aumentada o dificultad para tolerar el tratamiento manual.

También puede emplearse como preparación del tejido antes de otras intervenciones fisioterapéuticas, siempre con una dosificación prudente.

¿Es dolorosa la aplicación de diatermia en la pelvis?

No debería serlo. La sensación debe ser agradable, controlada y tolerable. En pacientes con hipersensibilidad, dolor al contacto o antecedentes de experiencias dolorosas, la aplicación debe ser especialmente cuidadosa, con comunicación constante y adaptación de la intensidad. Si el paciente siente molestia, quemazón, dolor o incomodidad, se debe modificar o detener la aplicación.

¿Se puede aplicar diatermia si hay mucha sensibilidad o dolor al tacto?

Puede valorarse, pero con mucha prudencia. En cuadros de alta irritabilidad o sensibilización marcada, el objetivo inicial no debe ser aplicar estímulos intensos, sino mejorar la seguridad, la tolerancia al contacto y la regulación del sistema. En estos casos suelen preferirse aplicaciones suaves, conservadoras y siempre adaptadas a la respuesta del paciente.

¿La diatermia se puede usar durante el embarazo?

No. La diatermia está contraindicada durante el embarazo. Ante cualquier sospecha de embarazo o en pacientes gestantes, no debe aplicarse diatermia. En el posparto puede valorarse, siempre fuera del embarazo, tras una valoración profesional y respetando las contraindicaciones.

¿Cuándo hay que derivar al médico?

Debe derivarse o solicitar valoración médica si existen signos como fiebre, pérdida de peso inexplicada, sangrado anómalo, sangrado posmenopáusico, hematuria persistente, dolor nocturno intenso no mecánico, masa pélvica, síntomas neurológicos progresivos, sospecha de infección, sospecha tumoral o dolor de aparición brusca e intensa sin causa clara.

¿El dolor pélvico crónico puede afectar a la sexualidad?

Sí. Puede provocar dolor durante la penetración, miedo al contacto, aumento del tono del suelo pélvico, sequedad, hipersensibilidad, evitación de las relaciones o pérdida de confianza corporal. El abordaje debe ser respetuoso, progresivo y multidisciplinar cuando sea necesario, integrando educación, terapia manual, regulación del dolor y recuperación de la tolerancia al contacto sin dolor.

¿El estrés puede empeorar el dolor pélvico crónico?

Sí. El estrés no significa que el dolor sea “psicológico”, pero puede aumentar la activación del sistema nervioso, la tensión muscular, la hipervigilancia, la alteración del sueño y la sensibilidad al dolor. Por eso el abordaje debe contemplar tanto los tejidos como el sistema nervioso, la respiración, el descanso y los factores que mantienen la protección corporal.

¿Por qué el dolor pélvico puede relacionarse con la vejiga, el intestino o la zona lumbar?

Porque las estructuras de la pelvis comparten conexiones nerviosas, fasciales, musculares y funcionales. Existe una relación estrecha entre vejiga, intestino, órganos pélvicos, suelo pélvico, columna lumbar, cadera y sistema nervioso autónomo. Esta convergencia explica que un problema pélvico pueda manifestarse como dolor lumbar, urgencia miccional, molestias intestinales o dolor sexual.

¿Cuánto tiempo tarda en mejorar el dolor pélvico crónico?

No existe un plazo único. Depende de la causa, la duración del cuadro, el grado de sensibilización, la presencia de hipertonía, cicatrices, factores hormonales, sueño, estrés, tratamientos previos y adherencia al proceso terapéutico. En algunos casos los primeros cambios son una mayor tolerancia al contacto, mejor descanso o menor miedo, antes de que desaparezca el dolor por completo.

¿Qué errores debe evitar el paciente?

Debe evitar automedicarse sin control, buscar tratamientos agresivos sin valoración, interpretar cada síntoma como daño grave, inmovilizarse en exceso, forzar actividades que aumentan mucho los síntomas o aplicar técnicas sin supervisión profesional. También es importante evitar la idea de que todo dolor pélvico se resuelve únicamente fortaleciendo el suelo pélvico.

¿Qué errores debe evitar el profesional?

El profesional debe evitar aplicar protocolos rígidos, tratar solo el síntoma, ignorar la sensibilidad del paciente, centrarse únicamente en el suelo pélvico, no valorar cadera, columna, abdomen o respiración, utilizar diatermia sin criterio fisiológico o no educar al paciente sobre el dolor persistente.

El abordaje debe ser razonado, seguro y adaptado a cada caso.nados con el procesamiento del sistema nervioso, la función muscular, la movilidad tisular, la convergencia visceral o la historia de protección mantenida.


El dolor pélvico crónico requiere un abordaje clínico avanzado, individualizado y multidimensional. No es una simple lesión local ni una patología que pueda explicarse únicamente desde una estructura anatómica. Es un problema de integración entre tejidos, sistema nervioso, función visceral, mecánica lumbopélvica, respiración, suelo pélvico, sensibilidad y experiencia del paciente.

La fisioterapia tiene un papel fundamental cuando se basa en valoración rigurosa, razonamiento clínico, educación terapéutica y progresión funcional. El objetivo no debe limitarse a reducir síntomas, sino a recuperar seguridad, movilidad, tolerancia, autonomía y calidad de vida.

La diatermia capacitiva y resistiva puede ser una herramienta útil como tratamiento coadyuvante en el dolor pélvico crónico. Su capacidad para modular el dolor, mejorar la perfusión, favorecer la viscoelasticidad, reducir hipertonía y facilitar el trabajo manual o funcional la convierte en un recurso de interés clínico.

Sin embargo, su eficacia depende del criterio con el que se utiliza. No debe aplicarse como una receta ni como tratamiento aislado, sino como parte de una estrategia terapéutica adaptada a la fase clínica, la sensibilidad del paciente, los tejidos implicados y los objetivos funcionales.

En definitiva, tratar el dolor pélvico crónico no consiste solo en aplicar una tecnología sobre una zona dolorosa. Consiste en ayudar al sistema pélvico a recuperar movimiento, perfusión, coordinación, confianza y función. Esa es la diferencia entre aplicar una técnica y ejercer fisioterapia clínica avanzada.


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